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Gold ornate mythical creature against a dark purple background. Text reads 'Creatures of Myth and Imagination: Europe and The Americas' in stylized fonts.
Exhibition

Creatures of Myth and Imagination: Europe and the Americas

Seres del mito y la imaginación: Europa y América

Aves con colmillos, serpientes emplumadas, vegetales con brazos y piernas… Durante milenios, el ser humano ha seleccionado y combinado elementos de la naturaleza para concebir entes sobrenaturales distintos de todo lo conocido en el mundo real. Nacidos de la imaginación, los seres híbridos constituyen un fenómeno global y, prácticamente, en todos los pueblos y culturas han desempeñado un papel fundamental en la narración de historias, la formación de identidades y la conexión entre el cielo y la tierra. Al materializarse, han participado en ritos sagrados, animado la vida cotidiana y acompañado a los muertos en sus tumbas. 

Esta exposición examina un conjunto de figuras representativas que expresan el impulso de crear entes compuestos en América Latina y Europa occidental entre los años 500 y 1500, antes de que comenzara el contacto directo entre ambos continentes a finales del siglo XV. La comparación entre estas tradiciones, paralelas e independientes, nos invita a explorar las múltiples formas en que las criaturas fantásticas transforman lo mundano en algo mágico. También nos exhorta a comprender el paradójico deseo humano de ordenar y, a la vez, desordenar el mundo.

Resultado tanto de la observación como de la invención, las figuras híbridas funcionan además como metáforas de la creación artística. Los entes míticos de América y Europa llevan a reflexionar sobre los desafíos que enfrentaron escultores, orfebres, pintores y tejedores de distintas partes del mundo al darles forma. Con sus interpretaciones, tales artistas nos han legado imágenes y objetos que figuran entre los más desconcertantes, aterradores, ocurrentes y apreciados de todos los tiempos. Estas obras revelan el extraordinario alcance de la imaginación humana y continúan cautivándonos hasta hoy.

Esta exposición es posible gracias al Michel David-Weill Fund.

Puentes entre reinos

Tanto en América como en Europa, los seres híbridos transitaban entre los reinos terrenal y sobrenatural, vinculando lo humano y lo divino. Sus imágenes transmitían doctrinas; establecían y reforzaban identidades, y también definían límites sociales y cosmogónicos. A menudo plasmadas en representaciones monumentales, estas creaciones fantásticas ocupaban el espacio visual de manera contundente, con lo cual aumentaba su eficacia como agentes de control social sobre los espectadores.

En el México antiguo, las imágenes a gran escala de entes sobrenaturales se hallaban distribuidas a lo largo de toda una geografía sagrada: marcaban fronteras y encrucijadas; se encontraban en montañas, cuevas y manantiales, y dominaban lugares públicos, como las plazas, al igual que los espacios rituales más restringidos de los templos. En Europa, las criaturas híbridas representadas en obras de pintura mural y escultura arquitectónica desempeñaban un papel esencial en el ámbito espiritual, custodiando las entradas de las iglesias, invocando plegarias en los altares y brindando edificación espiritual en los sitios monásticos. Lo mismo si se encontraban en un claustro que en una plaza, estas figuras monumentales irradiaban poder y carisma, y evocaban su capacidad de transformar y ser transformadas.

Seres acompañantes

Aterradores y maravillosos en la esfera pública, los seres híbridos de Europa y América tenían una presencia igualmente natural en entornos más íntimos, donde a veces adquirían nuevos significados. Las representaciones que decoraban objetos utilitarios denotaban las creencias religiosas, las convicciones políticas y el estatus social de quienes los poseían.

Una opción muy apreciada en la que solían plasmarse figuras míticas e imaginarias era la característica vasija modelada y multifuncional. Así, por ejemplo, los aguamaniles europeos —utilizados para verter agua con la que se lavaban las manos— con frecuencia tenían forma de entes fantásticos, como centauros y unicornios. Presentes tanto en hogares como en iglesias, éstos podían entretener a los comensales en la mesa o realzar los rituales. En la costa norte de Perú, artistas de la alfarería moldeaban vasijas para uso ritual con forma de aves antropomorfizadas y otras criaturas compuestas. Disfrutados en vida, estos objetos de cerámica también podían llevarse a la tumba para perpetuar el estatus, la identidad y el refinamiento de sus poseedores. En ambos continentes, tales recipientes eran vehículos de la expresión personal: desde las elecciones creativas de artistas y mecenas hasta las conversaciones —sin duda entusiastas— que generaban entre quienes los usaban.

La naturaleza recompuesta

Los seres híbridos son fusiones creativas de elementos extraídos de la naturaleza. Quienes se dedicaban al arte deconstruían y reensamblaban rasgos distintivos y de poder, como alas, garras y grandes orejas, para producir entes irreales dotados de habilidades excepcionales. Y entre quienes poseían y admiraban estas creaciones, subyacía la creencia de que las figuras compuestas eran capaces de expandir las esferas de acción humana.

En las artes de América y Europa, estas combinaciones fantásticas revelan una conciencia del orden natural, al tiempo que desafían las categorías que nos son familiares. Algunas, como una figura humana con rasgos de murciélago y cocodrilo proveniente de Colombia, o un basilisco (combinación de gallo y serpiente) de Italia, reúnen elementos de animales que normalmente habitan en esferas distintas (tierra, aire o agua). Criaturas de terror y deleite, los híbridos son como el mundo natural: apenas parcialmente comprendido, pero ciertamente un factor ineludible en la experiencia humana. Fruto de una aguda observación del entorno, quizá constituyen una forma de dar sentido a la naturaleza en toda su complejidad.

Crear lo no creado

En la Europa y la América, las ricas tradiciones mitológicas propiciaban que la gente creyera en la existencia de muchos seres híbridos, aunque ningún ser humano los hubiera visto jamás. Así, para los europeos, los unicornios retozaban en los confines del mundo, mientras que en el norte de Perú se creía que los guerreros-zorro impulsaban las batallas.

Los entes míticos desafiaban a los artistas a imaginar y representar visualmente lo no visto. El uso de materiales orgánicos —desde conchas marinas y marfil hasta plumas— brindaba la oportunidad de revelar sus fuentes de inspiración y, por extensión, incrementar las capacidades simbólicas de los animales y otros elementos representados. Asimismo, la naturaleza compuesta de las criaturas fabulosas permitía a sus creadores yuxtaponer características contrapuestas, como se observa en una temible bestia con un collar de flores en un tapiz de los Alpes suizos o en un musculoso corredor provisto de un par de alas en una orejera de la cultura moche.

Las tradiciones de Europa y de la antigua América convergieron en el siglo XVI —primer periodo de contacto sostenido entre ambos continentes—, lo que propició un intercambio de imágenes y la creación de figuras inéditas para contextos y públicos también nuevos.

Diversidad, juego y posibilidad

Suma de elementos animales, vegetales y minerales, los seres híbridos aparecen en combinaciones visualmente lúdicas y al parecer infinitas, desde reinvenciones de formas ancestrales —como los ángeles alados de Europa y las serpientes emplumadas de la antigua América— hasta nuevas creaciones. En las culturas del continente americano, los entes fantásticos eran potentes símbolos de transformación metafísica y empoderaban a quienes los poseían. En la tradición europea, los carismáticos grifos, centauros y dragones eran omnipresentes, aunque sus significados podían variar y evocar múltiples ideas y valores.

No siempre resulta posible precisar el significado de estas representaciones míticas en el arte del pasado, en parte porque sus formas esquivas e indeterminadas eluden la interpretación y la categorización. Sin embargo, esa variabilidad y la diversidad de sus expresiones —junto con el gran potencial que ambas entrañan— son precisamente parte fundamental del atractivo de los entes compuestos. Su encanto se hace evidente en su perdurable popularidad y amplia presencia actual en todo tipo de expresiones visuales, desde libros infantiles hasta películas, programas de televisión y videojuegos, lo que nos recuerda el persistente impulso humano de combinar y recomponer.