Read this essay in English: The Use of Mollusk Shells in the Americas Before the Sixteenth Century
Los caparazones calcáreos producidos por los organismos clasificados como moluscos (incluidos caracoles, almejas, pulpos, calamares y cochinillas de mar, entre otros), han fascinado a los seres humanos en casi todos los lugares y épocas. Más allá del valor alimenticio de estas criaturas, en la antigüedad los caparazones de moluscos se empleaban para otros fines: en algunos casos, para fabricar herramientas, pero más a menudo, para producir objetos de adorno personal y para actividades religiosas. Los pueblos que vivían cerca de océanos, lagos y ríos, naturalmente habrían utilizados esos recursos próximos, pero es notable que ciertas especies fueran buscadas y capturadas—a veces con gran dificultad—y luego transportadas distancias considerables a los sitios de tierra adentro. Allí, con una tecnología rudimentaria y una importante inversión de tiempo y trabajo, sus caparazones se transformaban en objetos muy apreciados. Tales esfuerzos sugieren el alto valor que era conferido a los caparazones y el papel central que desempeñaban en la religión, donde sintetizaban significados dentro de los sistemas de pensamiento de varias culturas que se desarrollaron en América antes del contacto europeo, particularmente en la región andina, el área istmo-colombiana y Mesoamérica. Por ejemplo, estas culturas relacionaban los caparazones de moluscos con el agua, la lluvia y la fertilidad, y las utilizaban para crear imágenes de divinidades importantes, como el dios del maíz de los mayas , y sus atributos, como en el caso del ehecacozcatl, el pectoral característico de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, el dios del centro de México .
El uso de materiales considerados preciosos es un fenómeno que ocurre aparejado a la diferenciación social y al surgimiento de las élites que requieren medios para transmitir su elevado estatus. Conforme las sociedades se van volviendo más complejas se genera una variedad de especialistas para satisfacer sus necesidades distintas. Por ejemplo, grupos de personas se dedicaban a la captura de las especies que se consideraban deseables por su talla, su forma, su coloración o su iridiscencia. En general, los caparazones que se encuentran muertos en la orilla han perdido muchos de estos atributos, ya que pueden estar fragmentados y decolorados a causa de la erosión y la exposición a los rayos solares. Por lo tanto, la mejor manera de obtener especímenes adecuados es recolectar los moluscos mientras aún están vivos. Algunas especies se pueden conseguir fácilmente en las bajamares, mientras que otras requieren de ser buceadas a profundidades considerables—una actividad particularmente difícil sin la ayuda de equipos modernos. Algunas de los caparazones más apreciados en la región andina, el área istmo-colombiana y Mesoamérica eran las valvas de colores brillantes del género Spondylus, en especial las especies crassisquama y limbatus, deseadas por sus tonos rojizos y morados, respectivamente ; . Las culturas valdivia, chorrera y cupisnique figuran entre las primeras de la región andina en utilizar ornamentos elaborados de caparazones de moluscos, mientras que los ejemplos más antiguos encontrados en Mesoamérica se han datado para el periodo Preclásico Temprano (1350–1250 a.e.c.).
Las especies de moluscos tienen hábitats bastante precisos determinados por factores ambientales como la temperatura y la salinidad del agua. Se han podido definir tramos de costa en que pueden vivir ciertas especies, denominados provincias malacológicas. Las tres regiones culturales que se tratan aquí incluían tres de estas provincias: la Panámica, que se extiende por la costa pacífica desde el golfo de California (o Mar de Cortés) hasta el norte del Perú; la Peruana, que sigue hacia el sur desde la provincia Panámica hasta el centro de Chile; y la Caribeña, que se extiende a lo largo de la costa atlántica desde el golfo de México hasta el norte de Brasil y las Antillas. Si bien la identificación precisa de las especies hace posible saber la provincia malacológica de origen de los materiales arqueológicos, resulta difícil determinar cómo llegaron los caparazones a sus destinos de tierra adentro. Ello generalmente se consigue buscando indicios de contactos culturales entre regiones o sitios, como el uso de ciertos materiales, la distribución de motivos decorativos específicos o la difusión de determinadas tecnologías.
Las sociedades andinas utilizaban notablemente varias especies panámicas, aunque la mayor parte de su litoral corresponde a la provincia Peruana. En cuanto a las rutas que seguían los caparazones desde su lugar de origen, se han propuesto dos hipótesis, una basada en información etnohistórica y otra en datos arqueológicos. La primera sugiere que los mullu—nombre quechua de las valvas del género Spondylus—se obtenían en la costa ecuatoriana a cambio de hachas de cobre. Desde allí eran se transportaban por vía marítima hasta el puerto de Chincha, en la costa central del Perú, y posteriormente se llevaban por caminos terrestres a Cusco y otros emplazamientos incas. La segunda hipótesis pone en duda la primera, alegando la dificultad que implicaba la navegación de norte a sur en contra de la corriente de Humboldt, lo cual resultaba complicado incluso para las embarcaciones españolas. Más bien, el hallazgo de Spondylus y otros elementos de caparazones tropicales en varios tambos (estaciones de paso estatales) a lo largo de los caminos que comunicaban a Tumbes, Perú con los Andes centrales sugiere que este comercio se realizaba por tierra. Es probable que esta ruta estuviera en funcionamiento desde el periodo Intermedio Temprano (200 a.e.c. a 700 e.c.) y se utilizara de forma continua hasta el fin del Horizonte Tardío (1470 a 1532 e.c.).
También se ha propuesto que la demanda de los caparazones de Spondylus en la región andina impulsó el contacto con el área istmo-colombiana y Mesoamérica. Según esta hipótesis, el interés por este recurso condujo a una sobreexplotación que provocó la extinción del mullu en la costa peruana y ecuatoriana, por lo que los tratantes se vieron obligados a buscarlo cada vez más al norte hasta llegar al Occidente de México. Esto explicaría la difusión de ciertos rasgos culturales andinos a Mesoamérica, como la metalurgia, y la estima que esta última área tenía por los caparazones de Spondylus .
En general se considera que las rutas de intercambio que llevaban caparazones a los sitios del interior de Mesoamérica seguían los cauces de los ríos. Sabemos que los sitios conquistados por el Imperio Mexica (1325–1521), en los litorales atlántico y pacífico, tenían la obligación de tributar caparazones marinos. De la misma manera, los hallazgos arqueológicos en el recinto sagrado de Tenochtitlan, la capital del Imperio Mexica, indican que algunas especies llegaban a la metrópoli imperial a través del comercio a larga distancia que realizaba el grupo pochteca (mercaderes especialistas en intercambio de bienes de lujo).
La calidad artística alcanzada por los trabajadores prehispánicos del caparazón en América es extraordinaria, sobre todo si se atiende a que principalmente se empleaban herramientas líticas y una técnica de percusión que generaba considerable desperdicio antes de realizar con gran destreza diversos cortes, perforaciones, calados y diseños incisos ; ; . Aunque los caparazones de moluscos se usaron también para elaborar objetos utilitarios, como instrumentos musicales—por ejemplo, trompetas de caracol —y recipientes para contener otros materiales , la mayoría de las veces se empleaban en la producción de piezas ornamentales, incluyendo cuentas, que podían ensartarse y llevarse en el cuerpo o integrarse a diversos tipos de prendas junto con otros materiales, como algodón, pelo de camélido y metales ; . Las incrustaciones de caparazón se aplicaban a otros materiales y se trabajaban en mosaicos ; ; ; . Otros adornos de caparazón incluyen pendientes , orejeras, brazaletes ; y anillos.